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Con frecuencia recibimos preguntas como “Soy divorciado por tal y tal razón. ¿Puedo casarme nuevamente?” – o – “Me he divorciado dos veces – la primera por adulterio de mi cónyuge y la segunda por incompatibilidad.
Estoy saliendo con un hombre que ha estado divorciado tres veces – la primera por incompatibilidad, la segunda por adulterio de su parte, la tercera por adulterio de parte de su esposa. ¿Podemos casarnos?”. Preguntas como estas son muy difíciles de contestar, porque la Biblia no entra en grandes detalles respecto a los diferentes escenarios para que una persona pueda o no volver a casarse después de un divorcio. Lo que podemos saber con seguridad es esto: – Dios odia el divorcio (Malaquías 2:16). El plan de Dios para una pareja casada, es que permanezcan casados siempre y cuando ambos esposos vivan (Génesis 2:24; Mateo 19:6). El único permiso específico para un nuevo matrimonio después de un divorcio es por adulterio (Mateo 19:9) – y aún esto es debatido entre los cristianos. Otra posibilidad es que un(a) esposo(a) incrédulo(a) abandone al cónyuge creyente (1 Corintios 7:12-15). Este pasaje, sin embargo, no se refiere específicamente a un nuevo matrimonio, sino más bien sólo a ser liberado de permanecer en el matrimonio. Ejemplos de severo abuso emocional, físico o sexual, sería causa suficiente de divorcio, sin embargo, la Biblia no habla de estos pecados en el contexto del divorcio o de unas segundas nupcias. En este problema, sabemos dos cosas con seguridad. (1) Nuevamente, Dios odia el divorcio (Malaquías 2:16). (2) Dios es misericordioso y perdonador. Todos y cada uno de los divorcios es el resultado del pecado, ya sea de parte de un cónyuge o de ambos. ¿Dios perdona el divorcio? ¡Absolutamente! El divorcio no es menos perdonable que cualquier otro pecado. El perdón de todos los pecados está disponible a través de la fe en Jesucristo (Mateo 26:28; Efesios 1:7). Si Dios perdona el pecado del divorcio, ¿significa que eres libre de volver a casarte? No necesariamente. Algunas veces Dios llama a la gente a permanecer soltera (1 Corintios 7:7-8). El permanecer soltero no debe verse como un castigo o una maldición, sino más bien como una oportunidad de servir a Dios con más libertad (1 Corintios 7:32-36), aunque también la Palabra de Dios nos dice que, “...es mejor casarse que estarse quemando” (1 Corintios 7:9). Tal vez esto se aplique algunas veces a unas segundas nupcias después del divorcio. Así que, ¿podrías o deberías casarte nuevamente? No podemos contestar esa pregunta. A última instancia, eso es entre tú, tu posible cónyuge, y lo más importante, Dios. El único consejo que podemos darte es que ores a Dios por sabiduría, considerando lo que Él desea que hagas (Santiago 1:5). Ora con una mente abierta, y pide genuinamente al Señor que ponga Su deseo en tu corazón (Salmo 37:4-5). Busca la voluntad del Señor (Proverbios 3:5-6) y déjate guiar por Él. El matrimonio es un pacto delante de Dios. Puedes revisar estos versículos: Génesis 2:24
Mateo 19:6
1 Corintios 7:10-11

Las definiciones actuales de fornicación (relaciones sexuales voluntarias entre personas que no están casadas entre sí, lo que incluiría el adulterio) y adulterio (relaciones sexuales voluntarias entre una persona casada y una pareja que no es su cónyuge legítimo) son simples, pero la Biblia nos da una idea más clara de cómo Dios ve estos dos pecados sexuales.
En la Biblia, ambos se mencionan literalmente, pero también se utilizan de manera figurada para referirse a la idolatría. En el Antiguo Testamento, todo pecado sexual estaba prohibido por la Ley Mosaica y las costumbres judías. Sin embargo, la palabra hebrea traducida como "fornicación" en el Antiguo Testamento también aparece en el contexto de idolatría, también conocida como prostitución espiritual. En 2 Crónicas 21, Dios afectó a Joram con plagas y enfermedades porque lideró a las personas hacia la idolatría. Él "hizo que los moradores de Jerusalén fornicasen" (v. 11) y que "fornicase Judá y los moradores de Jerusalén, como fornicó la casa de Acab" (v. 13). El rey Acab fue el esposo de Jezabel, una sacerdotisa del lascivo dios Baal, quien condujo a los israelitas hacia el culto idolátrico de la forma más atroz. En Ezequiel 16, el profeta Ezequiel describe en detalle la historia de cómo el pueblo de Dios se apartó de Él para "prostituirse" con otros dioses. La palabra "fornicación", que significa idolatría, se usa numerosas veces en este capítulo. Cuando los israelitas se hicieron conocidos entre las naciones que los rodeaban por su sabiduría, riquezas y poder, lo cual era una trampa para ellos como la belleza de una mujer lo es para ella, fueron admirados, cortejados y halagados por sus vecinos, y así atraídos a prácticas idólatras. La palabra “fornicación” se utiliza en relación con la idolatría pagana porque gran parte de la "adoración" pagana incluía el sexo en sus ritos. Las prostitutas del templo eran comunes en la adoración de Baal y otros falsos dioses. El pecado sexual de todo tipo no solo era aceptado en estas religiones, sino que se fomentaba como un medio para obtener mayores bendiciones de los dioses para los adoradores, particularmente en el aumento de sus rebaños y cosechas. En el Nuevo Testamento, "fornicación" proviene de la palabra griega porneia, que incluye adulterio e incesto. Porneia proviene de otra palabra griega que también incluye la indulgencia en cualquier tipo de lujuria ilegal, lo que incluiría la homosexualidad. El uso de la palabra en los evangelios y las epístolas siempre hace referencia al pecado sexual, mientras que "fornicación" en el libro de Apocalipsis siempre se refiere a la idolatría. El Señor Jesús condena a dos de las iglesias de Asia Menor por meterse en la fornicación de la idolatría (Apocalipsis 2:14, 20), y también se refiere a la "gran ramera" de los últimos tiempos, que es la falsa religión idolátrica "con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación" (Apocalipsis 17:1-2). El adulterio, por otra parte, siempre se refiere al pecado sexual de las personas casadas con alguien distinto a su cónyuge, y la palabra se usa en el Antiguo Testamento tanto literalmente como figurativamente. La palabra hebrea traducida como "adulterio" significa literalmente "romper el matrimonio". Curiosamente, Dios describe el abandono de Su pueblo a otros dioses como adulterio. El pueblo judío era considerado como el cónyuge del Señor, por lo que cuando se volcaron hacia los dioses de otras naciones, se les comparó con una esposa adúltera. El Antiguo Testamento a menudo se refiere a la idolatría de Israel como una mujer lasciva que se fue "prostituyendo tras" otros dioses (Éxodo 34:15-16; Levítico 17:7; Ezequiel 6:9). Además, todo el libro de Oseas compara la relación entre Dios e Israel con el matrimonio del profeta Oseas y su esposa adúltera, Gomer. Su matrimonio fue una ilustración del pecado y la infidelidad de Israel que, una y otra vez, abandonó a su verdadero esposo (Dios) para cometer adulterio espiritual con otros dioses. En el Nuevo Testamento, las dos palabras griegas traducidas como "adulterio" se usan, casi siempre, en sus contextos, para referirse literalmente al pecado sexual que involucra a parejas casadas. La única excepción es en la carta a la iglesia de Tiatira que fue condenada por tolerar a la "mujer Jezabel, que se dice profetisa" (Apocalipsis 2:20). Esta mujer llevó a la iglesia hacia la inmoralidad y prácticas idolátricas y cualquier persona seducida por sus falsas doctrinas se consideró que había cometido adulterio con ella.

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